BUSH-CLINTON Y LA CIA:CONEXION MENA

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BUSH-CLINTON  Y LA CIA:CONEXION MENA



LOS NARCODOLARES DE LOS AÑOS 80:MENA,ARKANSAS

Durante los años 80, Barry Seal, quien ocasionalmente trabajaba como agente del gobierno, encabezó una operación de narcotráfico que traspasó a Estados Unidos una gran cantidad de droga –estimada en 5 mil millones de dólares– proveniente de América Latina, a través de un aeropuerto en Mena, Arkansas. De acuerdo con periodistas e investigadores del caso Mena, la operación estaba siendo protegida desde los más altos niveles del Consejo Nacional de Seguridad, en ese entonces bajo el liderazgo de George H.W. Bush, y del que formaba parte Oliver North. Según el escritor y periodista de investigación Daniel Hopsicker, inmediatamente después de que Seal fuera asesinado en Febrero de 1986, fue encontrado en su bolsillo el número de teléfono personal del vicepresidente H.W. Bush. Gracias a los esfuerzos de Hopsicker, los documentos de Barry Seal terminaron dando paso a la divulgación de un hecho poco conocido en la historia del contrabando: los ejecutivos de RJR en América Central habían ayudado a Seal a transportar contrabando clandestinamente hacia los Estados Unidos en los años 70 .
Foto de la portada del libro Barry & "The Boys", escrito por Daniel Hopsicker. En ella aparece Barry Seal (tercero a la izquierda) con algunos de sus colegas de la CIA en 1963. 

Las operaciones para traficar armas y drogas en Mena continuaron después del asesinato de Seal. Ocho meses después, la avioneta de Seal, llamada “Fat Lady”, fue derribada a tiros en Nicaragua. Llevaba armas para los Contras. El único sobreviviente, Eugene
Eugene Hassenfuss capturado
Hassenfuss, confesó la operación ilegal, que se llevó a cabo desde el aeropuerto de Mena. La captura de Hassenfuss inspiró a Oliver North y a su secretario en el Consejo Nacional de Seguridad para embarcarse varios días en la destrucción de documentos. Los archivos que sobrevivieron a tal acción llevada a cabo por North y que fueron finalmente proporcionados al Congreso, contenían cientos de referencias a tráfico de drogas.



Reagan con el líder Contra Adolfo Calero y Oliver North en abril de 1985

Un fiscal independiente fue designado para investigar los cuestionamientos generados por la captura de Hassenfuss, tal y como lo afirmó Chris Sanders –director de Sanders Research – en su nota introductoria a mi artículo “El mito del estado de derecho”:

“La investigación terminó con no menos de 14 individuos acusados o condenados por diversos crímenes. Entre ellos se encontraban altos miembros del Consejo Nacional de Seguridad, el Secretario de Defensa y el jefe de operaciones secretas de la CIA, entre otros. Después de haber sido elegido presidente en 1988, George Bush indultó a seis de estos hombres. Asimismo, durante el curso de esta investigación surgieron rumores de que la administración había autorizado el tráfico de drogas, además de haber brindado los recursos necesarios para financiar tales operaciones. Estos cargos fueron desviados exitosamente de la investigación, pero nunca dejaron de tenerse en cuenta. De hecho fueron examinados, separadamente, por un comité del Congreso –encabezado por, el en ese momento senador, John Kerry–, el cuál concluyó que, de hecho, los Contras habían estado involucrados en actividades relacionadas con narcotráfico, y que elementos del gobierno de Estados Unidos estaban enterados de ello”.
BARRY SEAL ASESINADO

Hay una frase estándar que uno escucha cuando habla con la gente de Washington D.C sobre la avalancha de operaciones relacionadas con el narcotráfico y el lavado de dinero que tuvieron lugar en Arkansas durante los años 80. “Oh, aquellas acusaciones fueron totalmente desacreditadas”, dicen. Pero esto no es así. Gracias a numerosos periodistas y miembros de agencias de seguridad de los Estados Unidos, existe documentación bastante creíble sobre el tráfico de drogas en Mena, así como el lavado de dinero que estaba relacionado con él, y sostiene la hipótesis de que el gobierno estuvo participando o fue cómplice de significativas operaciones de tráfico de drogas. Los documentos hablan de relaciones entre dichas operaciones con empleados del Consejo Nacional de Seguridad, el Departamento de Justicia, la CIA (bajo el liderazgo del, en aquella época, vicepresidente Bush), la Agencia de Desarrollo y Finanzas de Arkansas (ADFA, según sus siglas en inglés) y Bill Clinton, en aquel entonces gobernador de ese estado. ADFA era un distribuidor local de los subsidios y programas de financiamiento otorgados por el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) de los Estados Unidos. Asimismo se constituía como un activo emisor de bonos municipales de vivienda. Una de sus firmas de abogados incluía entre sus socios a la esposa de Clinton, Hillary, además de varios miembros de su administración, entre quienes se encontraban Vince Foster, uno de los asesores legales de la Casa Blanca y el Fiscal General Adjunto, Webster Hubbel.

Entre aquellas personas que se encontraban condenadas y que fueron indultadas por el Presidente Bush, se encontraban Cap Weinberger –el ex Abogado General de Bechtel, egresado de Harvard y ex Secretario de Defensa, quien durante su gestión en ese cargo supervisó una de las operaciones con contratistas privados más corruptas en la historia de Estados Unidos. El editor de Forbes James Norman dejó la revista en 1995, debido que esta se negó a publicar una historia suya llamada “Fostergate” que hablaba sobre la muerte de Vince Foster, y como ésta estaba relacionada con el sofisticado software, PROMIS, el cual, supuestamente, era utilizado para lavar dinero, incluyendo fondos para transacciones de armas y drogas, que se estaban llevado a cabo a través deArkansas. 



El texto de Norman acusaba, tácitamente, a Weinberger de beneficiarse de una parte de las ganancias provenientes de las operaciones de contrabando de Seal, la cual habría recibido a través de una cuenta en Suiza. En otros reportajes, se consideraba que el software era una adaptación del PROMIS, que habría sido robado a una compañía llamada Inslaw y entregado a otra de Arkansas controlada por Jackson Stephens. Algo para agregar a esta historia es un estudio reciente sobre la industria penitenciaria, el cual muestra que Stephens, Inc., –el banco de inversiones perteneciente a Jackson Stephens– era uno de los más grandes emisores de bonos municipales para construir prisiones.

Algunos de los documentos más convincentes sobre la operación llevada a cabo por Seal en Mena y el lavado de dinero relacionado con ella, fueron suministrados por William Duncan, ex coordinador de Operaciones Especiales para la región sureste de la División de Investigación Criminal, perteneciente al Servicio de Impuestos Internos (IRS) del Departamento de Hacienda de los Estados Unidos. Esta entidad despidió a Duncan en Junio de 1989, cuando este se negó a atenuar o a encubrir los hechos en un testimonio ante el congreso. Teniendo en cuenta que es ilegal mentir ante el congreso, eso significa que, paradójicamente, Duncan fue despedido por negarse a romper la ley y, en el proceso, a proteger una empresa criminal.

Cuando Duncan fue despedido, quien ocupaba el cargo de Secretario de Hacienda, en ese momento, era Nicholas F. Brady, ex presidente de Dillon Read. Brady dejó a Dillon en septiembre de 1988 para unirse a la administración Reagan, anticipándose a la victoria de Bush en las elecciones de Noviembre. Duncan fue despedido dentro de los meses que abarcaron dos importantes eventos que se describirán detalladamente en esta historia más adelante:

(i.) La toma del poder de RJR Nabisco que se hizo famosa gracias al libro Barbarians at the Gate: The Fall of RJR Nabisco de Brian Burrough and John Helyer (Harper & Row, 1990), así como a una película que lleva el mismo nombre y

(ii.) el momento en que Lou Gerstner, actual presidente del Carlyle Group, se unió a RJR Nabisco para asegurarse de que el manejo de la empresa fuera lo suficientemente emprendedora como para recuperar los millones de la nueva deuda adquirida durante la toma del poder.

Como veremos posteriormente, la incapacidad de impedir que Duncan documentara la corrupción en Mena y en la Secretaria de Hacienda, enfatizó la importancia de poner el control de la IRS –así como de sus abundantes bases de datos y sistemas de información que registraban el flujo de dinero– en manos más amigables.
fuente:http://www.dunwalke.com/espanol/capitulo_4.htm


¿QUIEN MATO A GARY WEBB?



por Jean Guy Allard 11 DE ENERO DE 2005


Desenmascaró, como ningún periodista lo hizo antes, las oscuras maquinaciones de la CIA en el mundo de la droga y reveló a los norteamericanos cómo barrios negros del país fueron inundados de crack, con un increíble cinismo, en medio de un tráfico destinado a abastecer de dinero y armas la Contra nicaragüense. Denunció al narcoterrorista Luis Posada Carriles y a sus cómplices cubanoamericanos involucrados en este criminal negocio. Y acaba de ser encontrado en su domicilio con dos balas en la cabeza. Un suicidio, dicen las autoridades judiciales.

La investigación de Webb, impresionante por su seriedad y su amplitud, causó un revuelo nacional. Hasta tal punto que la gran prensa comercial publicó largos reportajes atacando sospechosamente varias partes de su investigación.

El mundo de los reporteros de investigación de los Estados Unidos está de luto. Gary Webb, quien, para muchos, fue un ejemplo de profesionalidad y de integridad, fue descubierto muerto, el viernes 10 de diciembre, en su casa de Carmichael, California. Tenía 49 años.

En agosto de 1996, cuando trabajaba para el diario San José Mercury News, Webb reveló cómo la CIA vendió toneladas de crack en los barrios de Los Angeles y utilizar ese dinero de comercio criminal para financiar las operaciones de la Contra nicaragüense que trataba entonces de derrumbar al Gobierno sandinista en Nicaragua.

Sus revelaciones fueron publicadas por todos los diarios de la cadena Knight-Ridder. Todos... salvo el Miami Herald, el diario vinculado a la mafia narcoterrorista cubanoamericana.

La investigación, impresionante por su seriedad y su amplitud, causó un revuelo nacional.



En su libro Whiteout: the CIA, Drugs and the Press, los periodistas Alexander Cockburn y Jeffrey St.Clair, del conocido sitio web Counterpunch.com, cuentan detalladamente cómo Webb fue víctima de una verdadera campaña destinada a destruir su reputación. 
El Washington Post, el New York Times y el Los Angeles Times se distinguieron en este trabajo sucio.

«El ataque contra Gary Webb y sus artículos del San José Mercury News queda como uno de los asaltos más venenosos y objetivamente ineptos contra la capacidad profesional de un periodista en la memoria viva, escriben. En los medios principales, casi no encontró defensores y los que se atrevieron a manifestarse en su favor fueron objeto a su vez de virulentos abusos y tergiversaciones».

Webb renunció al San José Mercury News en 1997. Nunca más pudo encontrar trabajo en un diario conocido.

En 1990, Webb fue ganador, con un colectivo de reporteros, de un premio Pulitzer, el galardón más conocido del mundo periodístico norteamericano, por un trabajo sobre el terremoto de Loma Prieta, pero, según sus familiares, nunca se recuperó de la polémica que provocó su serie denunciando a la CIA.

Siempre defendió su investigación más famosa, publicó en 1999 un libro titulado Dark Alliance: The CIA, the Contras, and the Crack Cocaine Explosion (Alianza oscura: La CIA, los contras y la explosión de la cocaína crack), que tuvo un fuerte impacto.

Entre las revelaciones más interesantes, se encuentra el caso de Luis Posada Carriles.


En Dark Alliance..., Webb fue quien reveló a partir de documentos desclasificados de la CIA que, en enero de 1974, la Agencia rechazó una solicitud de Posada para proveer a un socio suyo «un pasaporte venezolano» porque, escribía sin reírse el autor de la nota, «no se puede permitir que un agente controlado se involucre en tráfico de drogas».

Ese mismo año, la CIA fue avisada por la Drug Enforcement Agency (DEA) de que Posada estuvo intercambiando armas por cocaína con una persona «involucrada en asesinatos políticos», una referencia a Félix Rodríguez Mendigutía, el agente de la CIA que ordenó el asesinato del Che.

Como un elemento secreto de la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) la CIA organizó la Operación 40 en la cual participaron Posada y decenas de mercenarios cubanoamericanos junto a sicarios de la mafia ítalo-americana.

La red de esta organización fue usada en operaciones de terrorismo contra Cuba hasta 1970 cuando se cae uno de sus aviones en el Sur de California con una enorme cantidad de heroína y cocaína a bordo. Ese mismo año, el FBI capturó a 150 sospechosos «en la operación antidroga más grande de la historia de la Policía Federal».


El procurador General, John Mitchell, señaló entonces que la red controlaba 30% de todo el comercio de la heroína en el país y de 70 a 80% de las ventas de cocaína. Pero no mencionó el hecho de que varios de los arrestados pertenecían a la pandilla de Juan Restoy, ex político batistiano, «alumno» destacado de la Operación 40 vinculado al capo Santos Trafficante.

Dos de los sicarios de más confianza de Restoy eran... Ignacio y Guillermo Novo, «militantes» del Movimiento Nacionalista Cubano, un grupo terrorista con núcleos en Miami y Union City, New Jersey. Estos dos asesinos regresaron recientemente a los Estados Unidos, con la bendición de la CIA y del FBI de Miami, después de cuatro años de detención en Panamá, junto con Posada.

Guillermo Novo, también con Posada, participó en junio de 1976 en la creación de la CORU terrorista, conformando una tropa que se sumara, con Félix Rodríguez, Frank Castro y demás delincuentes, a las operaciones de narcotráfico autorizadas por la Administración de Reagan, en apoyo a la Contra nicaragüense, que Gary Webb denunciara.

Frank Castro será inculpado por la importación de 500 toneladas de marihuana «hasta que la acusación despareció por arte de magia cuando estableció un campo de entrenamiento de los Contras en 1983». Más afortunado, Rodríguez terminará en la oficina de George Bush padre, quien celebrara su «talento». Y Posada, indultado ilegalmente por la presidenta miamense de Panamá, Mireya Moscoso, ha preferido «desaparecer», con las «protecciones» que le quedan.

Los hermanos Novo, después del asesinato del ex canciller Orlando Letelier, terminaron de «relacionistas» con la Fundación Nacional Cubano-Americana, mientras el «Chairman» vitalicio de esta organización, Jorge Mas Canosa, pagaba los 26 000 dólares que compraban la «liberación» de Posada, preso en Venezuela después de la explosión en pleno vuelo de una aeronave de Cubana de Aviación, con un saldo de 73 muertos.

La serie de Webb en el San José Mercury News explicó detalladamente cómo la red de la CIA vendió toneladas de cocaína a pandillas criminales, demostrando cómo el fanatismo anticomunista de la Casa Blanca la llevó a involucrarse en la propagación de la más infernal epidemia de droga de los tiempos modernos.

La comunidad negra norteamericana se escandalizó con las informaciones difundidas por los textos de Webb.

Su papel en revelar el siniestro complot de la CIA hizo de Webb un personaje muy celebrado en la comunidad negra.

Cuando, por fin, después de un informe del Inspector General de la CIA acerca del tráfico de droga realizado por la Agencia, la Cámara de Representantes acepta estudiar el tema, Porter Goss, quien dirigía el Comité de Inteligencia desde el año anterior, determina, en una hora de audiencia, que las alegaciones eran «falsas».

Por supuesto, la investigación relámpago de Goss descartó hasta la investigación de Gary Webb.

Goss, un ex agente de la CIA que participó en las operaciones de la estación JM/WAVE de Miami en 1972, realizando operaciones terroristas contra Cuba, acaba de ser nombrado director de la CIA por George W. Bush.

Ricky Ross, una de las fuentes más confiables de Gary Webb, habló con él unos días antes de su muerte. Webb le señaló entonces que había visto a hombres examinando la tubería fuera de su casa y que, de manera evidente, no eran ladrones sino «gente del Gobierno». Añadió que había recibido amenazas de muerte y que era regularmente seguido.

Se sabía que Gary Webb trabajaba en una nueva investigación sobre el mismo tema de la CIA y del narcotráfico.

El 10 de diciembre, el cadáver de Webb fue descubierto en su domicilio de Carmichael. Tenía la cara destruida por dos proyectiles de revólver calibre 38.

El Coroner Robert Lyons fue el oficial de justicia que realizó la investigación. Emitió rápidamente su conclusión: Gary Webb se suicidó, afirmó.


El periodista y escritor estadounidense James Hatfield, otro fallecido misteriosamente. Él fue el primero en realizar una biografía detallada sobre el actual presidente George W. Bush(hijo). Su cuerpo fue encontrado sin vida en un hostal después de haber sido amenazado de muerte. Las autoridades concluyeron igualmente al suicidio.


Fuente:http://www.voltairenet.org/article123470.html

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